Ordenes religiosas

 Órdenes religiosas en la capital de la Gobernación de Popayán

- Orden de Predicadores.

- Orden de San Agustín. En el convento de Cali se encuentran los frailes Manuel Albo Palacios (vicario prior), fray Manuel Arizabaleta, fray Larena, fray Blanco y fray Hernández.

- Convento de monjas agustinas de La Encarnación.

- Orden de San Francisco y Colegio de Misiones de San Francisco.

- Religión de San Camilo.

- Hospital de Caridad yCconvento de Religiosas Bethlemitas.

- Religión de Padres Carmelitas.

- Orden Hospitalaria de San Juan de Dios. En el convento hospital de Cali se encuentran fray Ignacio Monroy (prior), fray Francisco de la Torre y fray Nicolás Romero.

LAS ORDENES RELIGIOSAS Y LOS CONVENTOS EN POPAYÁN

Durante el proceso de colonización del Nuevo Mundo por la Corona Española, la presencia de las ordenes religiosas en el descubrimiento, sometimiento y evangelización de las culturas aborígenes fue muy importante. El rápido proceso de cambio sociocultural y los diversos mecanismos que entraron en acción, tales como la invención, la difusión, la pérdida cultural y la aculturación acontecidas en las colonias españolas, constantemente aparecen mediados por la labor evangelizadora y protectora que las ordenes conventuales realizaron con los nativos. Por consiguiente, tanto en las estrategias instrumentales de estas comunidades como en las expresiones ideológicas originadas en sus particulares reglas conventuales, durante la conquista y colonización del Nuevo Mundo, constantemente surgieron situaciones innovadoras, en las que su injerencia en aspectos de la cotidianidad de una población como la educación, la medicina o la economía fue determinante para su posterior desarrollo.

En primer lugar, los conventos y las órdenes religiosas se constituyeron en grandes protectores de los indígenas, otorgándoles las ayudas medicinales que solo órdenes como los Camilos o los Bethlemitas podían proporcionar y también se constituyeron en grandes educadores no solo de la parte religiosa sino también en aspectos más prácticos como educarles en las nuevas formas de agricultura y pastoreo impuestos por los españoles. estos dos aspectos que originalmente debían estar a cargo del gobierno fueron retomadas por la iglesia a través de las órdenes religiosas.

Entre las primeras ordenes religiosas que se establecieron en la ciudad de Popayán, se encontraban los dominicos, los franciscanos y los jesuitas, quienes llegaron durante la segunda mitad del siglo XVI, y se dedicaron a evangelizar a los indígenas de las poblaciones vecinas.

Las fundaciones de conventos siguieron a lo largo de todo el siglo XVII y para mediados del siglo XVIII existían en esta ciudad ocho conventos de órdenes religiosas: seis masculinas y dos femeninas. Entre los primeros, se contaban las congregaciones de los Frailes Agustinos, los Franciscanos, los Dominicos, los Jesuitas, los Bethlemitas y los Camilos. Entre las segundas, estaban las congregaciones de las monjas Agustinas de la Encarnación y las Carmelitas. La vida de los frailes y las monjas en los conventos durante este periodo se basaban en las reglas conventuales que contenían tres premisas muy importantes: la pobreza, la castidad y la obediencia. Las actividades que realizaban diariamente involucraban la oración, la meditación y el trabajo, de acuerdo al transcurso de las horas canónicas, a lo largo del año eclesiástico que conmemora mediante témporas, la vida de Cristo y de la iglesia. Estas tradiciones religiosas se cuentan entre las más antiguas instituciones del mundo occidental.

Para poder hacer una vida ascética la comunidad necesitaban aislarse de la colectividad, aunque no de manera drástica como lo hacían los monjes en monasterios alejados de cualquier centro urbano; por el contrario, los claustros donde convivían los religiosos estaban ubicados en el pueblo, lo que les permitía tener un mayor contacto. El convento era un edificio muy completo y autosuficiente para que los frailes que ingresaban tuvieran lo necesario para cubrir sus necesidades humanas, educativas y religiosas. En primer lugar, todos los conventos tenían una iglesia que era un espacio sagrado y solemne lo mismo la sala capitular. Además existía un claustro, o sea una galería de cuatro lados, adosado a la iglesia. Los dormitorios de los religiosos (conectados con la iglesia por un pasadizo al interior del convento) y los dormitorios de los postulantes (que no estaban conectados a la iglesia) además de la biblioteca (“scriptorium”), el refectorio (“refectorium”) y la cocina. Solo los dormitorios y la biblioteca solían tener calefacción y las cocinas se hallaban en sectores alejados de los demás espacios para evitar la incomodidad producida por el humo de la leña que se empleaba para la cocción de los alimentos. Otras instalaciones eran la hospedería, la enfermería y la huerta donde se localizaban, tal vez y según las circunstancias, un molino o una fragua por ejemplo, o un palomar o una conejera, o los talleres de carpintería, de zapatería o bien la sala de confecciones de los hábitos de los frailes, de los postulantes, de los “conversos” e inclusive aquellos hábitos para dar sepultura a los fieles miembros de las “terceras” ordenes

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